Coincidiendo con que ayer comenzó la Semana Cultural de Alfambra 2008 y que el sábado pasado salió el tema voy a hablaros de la novela El testamento ológrafo, de Honorato Boscá.
Conocí de su existencia hace unos meses por una persona que me recomendó no leerla y por suerte o desgracia no le hice caso. El motivo es que la historia transcurre casi por completo en la Alfambra de la posguerra, con el maquis acorralado y prácticamente disuelto.
La novela utiliza un lenguaje sencillo y de fácil lectura. No entraré a cuestionar su calidad (dejaremos eso para autores más cualificados) pero sí cómo encaja en el entorno de nuestro pueblo. Y en eso suspende sin duda. El ejercicio de localización es sencillamente inexistente y leídas unas páginas se hace evidente que el autor podría haber situado a los personajes en Cercedillo del Pinar sin cambiar apenas palabras. Y por ejemplo, asumiendo como licencia literaria que sitúe un molino en el río (ignorando los Molinares), la cosa da risa cuando habla de las ermitas de Santa Bárbara y San Miguel (¿Santa Ana y San Juan?).
Todo ello aderezado con unos diálogos que en momentos recuerdan a Marcial de Muchachada Nui y un final al que, para ser generosos, voy a tildar de trágicamente inverosímil.
A pesar de lo dicho, no cometeré la necedad de recomendaros que no la leáis, en cuyo caso os animo a que escribáis aquí la impresión que os ha causado. Miguel Ángel Sánchez ya lo hizo hace unos meses en su blog, Danielelmochuelo.
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